viernes, 31 de diciembre de 2010

START OF SOMETHING NEW


Con motivo de estas fiestas y el fin de año ya tan próximo, he decidido poner el vídeo de la canción de High School Musical “Start of something new” (hecho por mí y subtitulado en inglés para que podáis seguirla), ya que éste se sitúa en una Nochevieja. Es sin duda una de mis canciones favoritas (al igual que todas las canciones de Hsm). Os he puesto también la letra en español y un enlace de una página que te explica algunas expresiones y palabras de la letra de la canción, y que está muy bien.

Con todo esto, os deseo a todos unas fantásticas vacaciones y un más que feliz año nuevo 2011. ¡A disfrutar!:

Viviendo en mi propio mundo
No entendía
Que cualquier cosa puede pasar
Cuando te arriesgas.
Nunca creí en
Lo que no podía ver.
Nunca abrí mi corazón
A todas las posibilidades.
Sé que algo ha cambiado.
Nunca me sentí de esta manera.
Y aquí mismo, esta noche,
Este podría ser el...

Comienzo de algo nuevo.
Se siente tan bien
Estar aquí contigo.
Y ahora, mirando tus ojos,
Siento en mi corazón
El comienzo de algo nuevo.

Ahora, quién hubiera pensado que
Los dos estaríamos aquí esta noche.
Y el mundo parece mucho más brillante
Contigo a mi lado.
Sé que algo ha cambiado.
Nunca me sentí de esta manera.
Lo sé de verdad.
Este podría ser el...

Comienzo de algo nuevo.
Se siente tan bien
Estar aquí contigo.
Y ahora, mirando tus ojos,
Siento en mi corazón
El comienzo de algo nuevo.

Nunca supe que podría pasar
Hasta que me pasó a mí.
No lo sabía antes,
Pero ahora es fácil de ver.

Es el comienzo de algo nuevo.
Se siente tan bien
Estar aquí contigo.
Y ahora, mirando tus ojos,
Siento en mi corazón
El comienzo de algo nuevo.
Algo nuevo.

(http://www.saberingles.com.ar/songs/182.html)
video

jueves, 30 de diciembre de 2010

DIARIO DE UN SUPERVIVIENTE




Domingo, 17 de julio del año 2011

Hola. Me llamo Richard Richards. Lo sé, parece una redundancia. He empezado este diario porque, sinceramente, me aburro. Y es que no hay muchas cosas que hacer en un apocalipsis zombi.

Todo empezó cuando a un estudiante de biología súper fan de Resident Evil le dio por experimentar con un puñado de microorganismos para ver si realmente era posible crear un virus similar al virus mutante T, que no sólo mata sino que además convierte a los muertos en vivos otra vez. Aunque eso sí, algo desfigurados. Y con hambre. Mucha, mucha hambre. Principalmente, de carne y vísceras. La cuestión es que resultó que sí que era posible. Y aquí estoy, tres meses, dos semanas y cinco días después.

La verdad es que, al contrario que a la mayoría de la gente, a mí me ha resultado bastante fácil sobrevivir. Básicamente por dos motivos: mi buena puntería (de hecho, en el láser game siempre ganaba) y el hecho de que soy huérfano, además de un inadaptado social de primera categoría.

Cuando todo esto se veía ya venir, me aseguré de acumular la mayor cantidad posible de alimentos, y buscar un buen lugar para esconderme: en lo alto de un gran rascacielos, resistente a los temporales y una gran fortaleza, genial para resistir antes los muertos vivientes. Un rascacielos es sin duda el mejor sitio para sobrevivir (una vez has matado a todos los zombis de dentro, claro y has bloqueado la entrada disimuladamente sin que ningún no- muerto te vea). Ah, y mejor si tienes algún ambientador. Los muertos apestan. Creedme, es mucho más fácil de lo que parece. O al menos si llevas una buena arma.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Desde el lago (I)

En realidad, he omitido parte de las historia. No nos hicimos amigos así como así. Era un día como otro cualquiera, y yo llevaba semanas intentando que Remy se fijara en mí.

Pues resulta que ese día en el instituto vi que unos chicos, varios años mayores, se estaban metiendo con ella. Le cogían la mochila, le sacaban las cosas... Sin pensarlo, fui hacia ellos y les dije:

- Dejadla en paz, chicos.
- Perdona, ¿qué has dicho, crío?
- Ya me habeis oído. Dejadla en paz. Ahora.
- Vaya, vaya, así que con exigencias, ¿eh? Está bien. Brian, Mike, ayudadme con el chaval.
- ¡Esperad, no...!

Pero no me escucharon. Entre todos me cogieron y me llevaron corriendo hacia el exterior. Ni siquiera había ningún profesor, ¿cómo es que no había ningún profesor? Me llevaron a un lago enfrente del instituto y me tiraron allí, con toda la ropa y mi mochila, todos lo libros...

Si queréis haceros una ligera idea del frío que pasé pensad en el agua más fría con la que os hayais duchado,o en la que os hayais bañado, y sabréis entonces lo que es un lago canadiense en octubre.

Estaba convencido de que iba a palmarla por hipotermia, y empecé a nadar lo más rápido que pude, pero la mochila y toda la ropa me empujaban hacia el fondo, sumergiéndome cada vez más.

De repente, cuando estaba a punto de perder el conocimiento, vi una figura tirándose al lago y buceando hacia mí. Luego, todo se hizo negro.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Desde el lago

Me llamo Sam, Sam Sturman. Y esta es mi historia.

Todo empezó en el momento en que mi primer día de instituto me llevó a conocer a la chica más bella, simpática,divertida,atractiva,cariñosa,amable e inteligente que podais imaginar (y aún me he quedado corto). Tenía el pelo castaño, largo y ondulado cayéndole por encima de los hombros. Ojos marrones de preciosa mirada, nariz pequeña y labios más finos que gruesos. La primera vez que la vi iba vestida con unos pantalones de pana azul oscuro y un jersey del mismo color. Todo aquello, sumado a que se sentó al lado mío (dado que era el único sitio libre en toda la clase) y oir su dulce voz al presentarse, dirigiéndose a mí (no podía ser, ¡hasta su voz era perfecta!)..., fue demasiado. Tanto, que fue decir mi nombre y desplomarme sobre mi pupitre. Lo sé, tengo ciertos problemas en lo que a habilidades sociales se refiere. Y además, tenía sólo once años.

Total, que resulta que Remy (que era como se llamaba la chica) y yo estuvimos varios días sentándonos juntos,e incluso a veces uno de los dos acompañaba al otro hasta su casa, nos quedábamos charlando en el parque al lado del instituto... Prácticamente de la noche a la mañana, los dos nos habíamos hecho casi inseparables.

viernes, 17 de diciembre de 2010

El fenómeno del amor. Capítulo III : Tal y como lo había imaginado (1ª Parte)

- ¡Uau, chaval! Lo de anoche fue increíble.
- ¿Sabes, Bradley? Las primeras dos o tres veces sí que lo era, pero cuando alguien cuenta algo tantas veces como lo haces tú, a partir de la vigésima empiezas a cansarte.
- Si tú lo hubieras visto, sabrías de lo que hablo. Oye, por cierto, ¿dónde estuviste ehm…, digamos… toda la noche?
- Estuve hablando con una chica.
- ¿En serio, durante toda la noche? Vamos, Will, soy mayorcito y ya puedes contarme esas cosas.
- Tú y tu exceso de testosterona, Bradley. No ocurrió nada. Nada. Tan sólo la salvé de un violador y estuve hablando con ella un buen rato.
- Vaya, qué experiencia. ¿Y quién era esa chica?
- No tengo ni la más remota idea, salvo que se llama Alyson y llevaba la cara tapada.
- Lo más normal del mundo. ¿Y por qué exactamente?
- Un problema de piel, según me dijo ella.
- Ya, y los elefantes vuelan y la madre de Bambi resucita.
- Creo que me he perdido.
- Está más que claro, Will, escucha-dijo Bradley, esta vez acercando su cara a la de Will y disminuyendo el tono de voz hasta apenas un susurro, como si no quisiera que nadie más escuchara aquello, lo cual era bastante absurdo teniendo en cuenta que no había nadie más en su casa-: el código que utilizan las chicas con los chicos a la hora de ligar, o de simplemente hablar, es muy sencillo: si no quiere enseñarte la cara, es que probablemente le habrás parecido demasiado aburrido o desesperado, pero simpatiquillo al mismo tiempo, razón por la cual no te ha despachado hasta que ha acabado la fiesta.
- ¿Conclusión?
- Muy fácil: su nombre es falso.
- Todo eso estaría muy bien, si no me hubiera dado su número.
- Vaya, eso sí que no me lo esperaba. Pero tiene fácil respuesta: su número también es falso.

Pero no lo era. Al día siguiente de la fiesta, por la tarde, Will consiguió envalentonarse lo suficiente como para llamar a Alyson. No sabía si su nombre era realmente Alyson, pero su número sí que era aquel, porque a los pocos segundos de llamar sonó su dulce voz.

- ¿Diga?
- Ehm,yo…-Will no podía creerlo. Había ensayado esa conversación cientos de veces durante todo el día, con su madre, con su padre y hasta con el perro. Pero se había quedado completamente en blanco-.
- ¿Quién eres? Me suena tu voz.
- Te… te conocí, quiero decir, nos conocimos… anoche, en la fiesta. Te libré de un violador obsesivo.
- ¿Donovan?-Will no recordaba que al decirle su nombre a Alyson le había mentido, mal comienzo para una relación, aunque fuera de amistad-. ¡Vaya, es genial! Siento no haber podido llamarte, pero he estado muy ocupada durante todo el día.
- No te preocupes, lo entiendo.
- ¿Sabes? Me ha alegrado mucho tu llamada.
- Y a mí llamarte. Por cierto, ¿qué tal tu problema de piel?
- ¿Mi proble…? ¡Ah, sí! Mi problema de piel. Esto… pues me temo que tendré que seguir llevando la mascarilla que viste durante algún tiempo más. Nada grave, pero mi médico me ha dicho que se curará antes si me la pongo algo más.
- Ah, me alegro mucho. No de tu problema, claro, sino de que te vayas a recuperar del todo dentro de poco.
- Tranquilo, te he entendido.
- Bueno, esto… quería comentarte algo más, Alyson. Ehm…
- ¿Sí?
- ¿Te apetecería venirte conmigo a dar una vuelta por la ciudad… un día de estos? Sólo si tú quieres, claro, y sólo como amigos, nada… nada más. Si te apetece podríamos ir a tomar algo o a comer de picnic, o…
- Acepto.
- ¿En serio?
- Claro, por qué no. Suena bien, dar una vuelta, tomar algo ya sea de bar o de picnic. Me parece un buen plan.
- Entonces, te parecería bien… ¿el viernes a las seis de la tarde, en Rise of the sun? Es un buen sitio para quedar. No va mucha gente, hay bastante tranquilidad, e incluso si quieres podríamos…
- Relájate, Donovan, y hazme el favor de no preocuparte por nada. Seguro que el tuyo será muy buen plan. ¿A las seis, entonces?
- A las seis, en Rise of the sun.
- Allí estaré. Hasta entonces.
- Adiós.


Era increíble, lo había conseguido. Había conseguido quedar con Alyson. Tenía tantas ganas de volver a verla… Y a penas habían pasado unas horas desde la última vez. ¿Sentiría ella lo mismo (es decir, ganas de volver a verlo, no amor ni nada de eso, porque eso no era lo que él buscaba… o al menos, que él supiera) o, por el contrario sería tan solo un acto de una chica deseosa de librarse de él, aunque sin suficientes agallas para hacerlo, como Bradley había dicho? William quiso inclinarse por la primera opción, lo cual lo dejó mucho más optimista y feliz a la espera de que llegara el viernes por la noche. Todo lo que tenía que hacer era ser él mismo, y todo iría bien. Al fin y al cabo, Disney no podía equivocarse tanto.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

UN NUEVO COMIENZO (I)

Según el testamento de sus padres, Casey quedaría bajo custodia de Harry McArthur, el supuesto mejor amigo de sus padres. No es que le cayera mal, ni muchísimo menos (de hecho, era el único fuera de su familia al que apreciaba,e incluso en ocasiones había llegado a ser como una especie de tío), pero llevaba sin saber de él meses (pues estaba en una expedición justamente a la otra punta del mundo, en Australia) y lo más probable era que, en mitad de algo así, tardara días en llegar.

Hasta entonces, Casey sería transladada al internado South Wales. Al menos un sitio familiar, pues fue justamente allí donde años atrás sus padres se habían conocido.

martes, 14 de diciembre de 2010

Tom y Nicole; la gran aventura (III)

A la mañana siguiente, Tom se despertó bastante descansado. Era la primera noche en semanas que dormía bien, así que se levantó de un humor especialmente bueno. Así que fue al cuarto de baño para ducharse. Al acabar, Tom iba a salir del baño cuando de repente oyó un ruido en su habitación. Al principio pensó que sería Nicole, pero entonces cayó en que todavía no había quedado con ella.

Salió asustado. Aquello no le gustaba nada. No podía ser un ladrón, puesto que si fuera tan fácil entrar al internado como salir sin permiso ya lo habrían hecho más veces. Avanzó unos pasos. ¿Pero quién podría?

- Hola.

Menudo susto dio a Tom el condenado.

- Hola, me llamo Kevin, Kevin Trenney.
- ¿Quién?
- Siento no haberme presentado antes, pero no te he visto y pensé que habrías bajado a desayunar. Soy tu compañero de habitación.

- ¿Compañero de habitación? ¿A estas alturas?-preguntaba Nicole-.
- Pues sí.
- Qué raro, ¿no?
- Y que lo digas.
- ¿Y sabes algo más de él, aparte de su nombre?
- Pues… a ver…-Tom se detuvo a pensar unos instantes, como esforzándose por recordar-. Creo que es de Londres. Según mis investigaciones, vivía allí hasta que lo expulsaron de la academia a la que iba por bajo rendimiento, momento en que sus padres decidieron mandarlo a un internado durante algunos meses.
- Vaya, menudos padres.

Después de un rato hablando, ambos subieron las escaleras que los llevaban a sus respectivas habitaciones, con la idea de cambiarse (pues fuera hacía mucho frío) y dar un paseo por los alrededores del internado antes de ponerse con los estudios. Tom entró en su cuarto, y Nicole en el suyo.Pero ocurrió algo que francamente no esperaba: encontró algo sobre su cama.Una carta.

GUILFORD (II)

Alan abrazó a su madre. Y ella a él. Sabía que las cosas habían sido difíciles para ella desde que su padre los abandonó. Eso, añadiendo la cantidad de veces que había tenido que cambiarse de instituto…

Cogió su mochila y salió del coche. Avanzó sólo unos pasos y luego volvió a girarse, para despedirse de su madre por vigésima vez, con un movimiento de mano. Ella lo hizo también y después se marchó.

Alan miró a su alrededor, nervioso. Había mucha gente. Y eso que el pueblo no tendría más de tres mil o cuatro mil habitantes. Y fue entonces cuando lo vio. Había un hombre, vestido de negro y con traje de chaqueta, al otro lado de la calle y Alan juraría que lo estaba mirando. Pero un autobús escolar pasó por delante, y al terminar de pasar, el hombre ya no estaba. Alan supuso que había sido producto de su imaginación, pues últimamente había estado bastante paranoico.

Así que siguió avanzando entre la gente, hacia la entrada del instituto. Atravesó grupos de deportistas, animadoras y demás para acabar subiendo unos pocos escalones, por los que se accedía al edificio.

“GUILFORD HIGH SCHOOL, IMPARTIENDO CONOCIMIENTOS DESDE 1906”

En primer lugar Alan fue a la secretaría, donde pidió el horario de clases, la primera de las cuales empezaba a las nueve, por ser el primer mes. El edificio tenía tres plantas, pero por suerte aquel primer día no tendría que preocuparse más que por la primera.

Pero entonces recordó que primero debía encontrar una taquilla. La encontró en poco tiempo, pues no quería llegar tarde a clase. Una vez escogida, intentó abrirla, pero por más que lo intentó no pudo.

- Tú debes de ser el nuevo, ¿verdad?
- Ehm…-dijo Alan, sorprendido, pues pensaba que ya no había nadie en el pasillo- sí. ¿Por?
- Porque no conoces el secreto para abrir la taquilla.
- ¿Secreto? ¿Qué secreto?
- Todas las taquillas de aquí tienen un defecto de fabricación. El mismo defecto. Basta con que presiones hacia dentro y luego tires hacia afuera suavemente un par de veces para abrirla.

Alan lo hizo.

- Vaya, gracias.
- No hay de qué. Por cierto, me llamo Ryan. Y tú eres…
- Alan, Alan Harris.
- Imagino que tendrás un mapa, Alan Harris, aunque tal vez te sea más fácil si te indico el camino. Es un edificio bastante grande.
- ¿Sabes dónde está?
- Claro, llevo un par de años viniendo aquí. Además, es la misma clase a la que voy yo.

Ryan era alto y moreno. Alan se sorprendió francamente de que aquel chico supiera más de él que él mismo. Según le explicó Ryan en el camino hacia la clase, era el primer alumno nuevo en diez años.

Al llegar a la clase, Ryan invitó a Alan a sentarse entre él y una chica. Ella era también morena, aunque de piel más blanca que la de Ryan.

- Hola, Gab. Te presento al nuevo, Alan. Alan, Esta es Gabriella, mi mejor amiga.
- Hola, Alan, encantada de conocerte-dijo mientras se levantaba y lo saludaba-.
- Vaya-dijo Alan-. Tengo que decir que me preocupaba mucho cómo iba a abrir mi taquilla, dónde estaría mi clase, dónde me sentaría… Pero me lo habéis solucionado todo en cuestión de minutos.
- Si quieres-intervino Gabriella- Ryan y yo podríamos hacerte una visita guiada por el instituto, aunque sea en un ratito en la hora del patio-.
- Entonces-Alan se aseguró-. Entonces, eso quiere decir que después de la clase, ¿podría seguir… yendo con vosotros?
- Pues claro que sí, idiota-dijo Ryan, mirándolo con una extraña expresión. Lo mismo hizo Gabriella.

Aunque para ellos pareciera obvio, a Alan lo habían utilizado muchas veces en su más que accidentada vida estudiantil, y no tenía demasiadas ganas de volver a vivir ciertas experiencias del pasado.

lunes, 13 de diciembre de 2010

El fenómeno del amor. Capítulo II : La fiesta (2ª Parte)

Al llegar a la terraza, avanzó hacia un rincón apartado del jardín y respiró hondo. Aquello sí que apetecía. Fue entonces cuando lo oyó.

- ¡Déjame en paz, cerdo!
- Oh, vamos, cariño, si será rápido, y te garantizo que te gustará.
- ¡Socorro!

En cuanto llegó a la zona de donde procedían las voces, Will se quedó boquiabierto. Un chico de varios años mayor que Will estaba intentando llevarse a una chica detrás de unos arbustos, al parecer para violarla. Will se armó de valor, y fue a defenderla.

- ¡Eh, tú! Deja en paz a esa chica.
- Vete y no te entrometas, pequeñín, mi chica y yo tenemos un asuntillo pendiente.

Aquello fue demasiado. Aunque entonces era de estatura normal, durante toda la infancia lo habían llamado “el pequeñín”, por ser el más bajo de la clase con una sorprendente diferencia.

- ¡Ah, no! ¡Eso sí que no!
- ¿Pero qué?

Will se lanzó hacia el chico a una velocidad tremebunda, pero no con la intención de pegarle, sino de despistarlo y tirarlo al suelo. Pasó por debajo de él y lo cogió de las piernas, haciendo que éste tropezara y cayera al suelo. Con el tío aquel aún medio grogui por el trastazo, Will aprovechó para llevarse a la chica lejos de allí, a una zona de la fiesta donde los vigilantes estuvieran haciendo su trabajo. La joven parecía sorprendida por lo que acababa de ocurrir, y la verdad es que Will también. Pero qué queréis que os diga, no hay nada más peligroso que un complejo de la infancia.

Sentados en un banco, Will tuvo la oportunidad de presentarse ante la chica.

- ¡Vaya, ha sido impresionante! Realmente te doy las gracias, no sé qué hubiera podido pasar si no llegas a aparecer. ¿Cómo te llamas?
- Ehm… Wi… Quiero decir, Donovan.
- Bonito nombre.
- Gracias, ¿y el tuyo?- Will reparó en que la chica no había mostrado su cara-.
- Ehm… Alyson.
- También me parece un bonito nombre.

Tras lo que pareció un instante para Will (o Donovan), él y Alyson estuvieron hablando durante horas, divirtiéndose como no lo había hecho desde hacía tiempo. Pero la fiesta llegó pronto a su fin, y la gente comenzaba a marcharse.

- Vaya, me he olvidado de mi amigo Bradley, lo dejé anoche colgado en la fiesta.
- No te preocupes, yo también debo irme.

En el último instante, Will se armó de valor y le preguntó:

- Alyson, lo he pasado muy bien hablando contigo, y la verdad es que me gustaría volver a verte. ¿Podrías…?
- ¿Intercambiarnos el número de móvil? Claro, por qué no.

Se hicieron una foto juntos, y Alyson se despidió de él con un beso en la mejilla. Un beso que le cambiaría la vida.

De camino a casa, Bradley le contó su fantástica experiencia con Megan, y lo divertido que había sido jugar al twister con Ashley Tisdale, Zac Efron,James Masters y nosequién más. Will empezó a tener el presentimiento de que aquella misteriosa chica, a la que todavía no había podido ver la cara (debido, según ella, a un problema en la piel), jugaría un papel muy importante en su vida.

domingo, 12 de diciembre de 2010

El fenómeno del amor. Capítulo II : La fiesta (1ª Parte)

- Oye, Megan, ¿sabes? Creo que sería mejor que nos volviésemos, este tipo de fiestas no me van-dijo Alice, en un arranque de pesimismo-.
- Oh, vamos, Ali, seguro que nos lo pasaremos en grande, y te vendrá muy bien para relajarte un poco.
- No sé yo.
- ¡Que te digo yo que sí! Además, quién sabe… puede que hasta conozcas a algún chico interesante.
- Tal vez tengas razón.

Megan y Alice entraron a la fiesta. No muy lejos de allí, William Spencer y su amigo Bradley se acercaban a la calle, ambos empujando una especie de furgoneta.

- Pero mira que te lo dije, Bradley. “No es buena idea cogerle la furgoneta a tus padres. Como le pase algo, nos la cargamos, pero no sé cómo me convenciste con tu clásico: total, ¿qué podría pasar?”
- Oh, vamos, tampoco es para tanto. No hay transporte público a estas horas, y como que venirse andando no era muy buena idea. Además, ya casi hemos llegado. Sólo unos metros más y pasaremos a la fase dos de mi infalible plan.
- Pues espero que tu plan sea tan infalible como dices, porque me duelen tanto las piernas que si hubiera que salir corriendo no llegaría ni a la acera de enfrente.
- Confía en mí y verás.

Así que Will y Bradley dejaron la furgoneta y fueron hacia la casa, a tan sólo dos calles de allí.

- Bien, escucha-dijo Bradley-. Para hacerlo más interesante, necesitaremos unos nombres.
- ¿Nombres?
- Sí, ya sabes. Puesto que no sería demasiado conveniente usar nuestros verdaderos nombres, lo mejor será inventarnos alguno.
- Estás loco. Pero bueno, puesto que venir hasta aquí ya ha sido una locura, mejor será acabar lo que hemos empezado.
- Así me gusta. Pues, tú serás Donovan Dawson y yo Michael Dawson. ¿Está claro?
- Del todo.
- Pues con eso valdrá. No necesitaremos más que los nombres. Una vez cuele, estamos en la fiesta. ¿De acuerdo?
- Totalmente.
- Pues vayamos allá.

Will y Bradley, cada uno con su entrada, se dirigieron a los controles del acceso a la fiesta. Tras unos breves momentos de extrema tensión, los guardas se apartaron y los dejaron pasar.

- ¡Uau, esto es una pasada!
- No parezcas demasiado entusiasmado, Bradley, o averiguarán que no hemos estado nunca en una de estas fiestas.
- ¡¿Estás de broma, tío?! ¡Mira a tu alrededor! ¡Hay famosos por todas partes!
- Vaya, cualquiera diría que es la primera vez que venís a una fiesta como esta-dijo una voz femenina. Era Megan Yelnats-.

En el momento en que vio a Megan, Bradley pareció entrar en un estado catatónico.

- ¿Tu amigo se encuentra bien?- preguntó, esta vez dirigiéndose a William-.
- Sí, es que está algo cansado. Con eso de estar siempre de fiesta, y tal…
- No me suenan vuestras caras, ¿cuál es vuestro nombre?
- Yo me llamo Donovan, y él Michael. Somos hermanos, hijos de John y Kate Dawson.
- No es que me suene demasiado, pero tienes cara de estar diciendo la verdad.

Conforme Bradley iba despertando, Will sintió una fuerte sensación de agobio. Si no salía a tomar el aire pronto, se acabaría desmayando.

- Lo siento, pero tengo que irme a tomar un poco el aire. Me duele la cabeza. Os dejo solos.

Mientras Will se alejaba hacia la terraza, oyó cómo Bradley volvía a estar despierto, y empezaba a contarle a Megan anécdotas de su infancia. Cosas de Bradley, y sus trucos para ligar.

sábado, 11 de diciembre de 2010

GUILFORD (I)



Era el 22 de junio del año 2010. Los más mayores del North High School en Albuquerque celebraban el que sin duda alguna sería el mejor año de sus vidas. Graduarse había sido complicado, pero una vez lo habían logrado la gente empezó a decir adiós, en cierto modo, a una etapa de su vida. Aunque algunos se lo tomaban mejor que otros.

Los más pequeños, a los que aún les faltaban algunos años para terminar el instituto se limitaban a colarse (o a intentar colarse) en la fiesta de los mayores. La madre de Alan decidió que tal vez sería divertido intentar pasar un buen rato con sus compañeros del instituto. Aunque nunca se había llevado demasiado bien con ellos, probablemente sería la última vez que los viese (pues su madre ya estaba planeando la mudanza). Así que se coló con ellos en una de aquellas más que mejorables fiestas.

A la entrada repartían una especie de boleto con un número escrito, y se preguntó para qué serviría. Pocos momentos más tarde descubrió la respuesta: en una tarima había una de esas bolas con un montón de papelitos dentro girando. Bueno, mejor dicho, dos bolas.
Se guardó el papelito en el bolsillo y continuó andando por la fiesta. Su creciente popularidad se hacía más que evidente en la forma en que la gente lo miraba o, simplemente, pasaba de él.

Salió a la terraza y se sentó en un banco frente a la piscina. Vaya una novedad. Ni siquiera, debería estar en aquella fiesta. Aquello no era más que una pérdida de tiempo. Si por lo menos…

- Perdona, ¿puedo sentarme?

Alan reconoció una voz femenina. Se giró, y vio a una hermosa chica, rubia y de ojos verdes, aguardando su respuesta.

- Eh…, claro, claro.

Tras unos interminables segundos de silencio, la chica habló.

- Por cierto, me llamo Annabeth, Annabeth Chase.
- Y yo Alan, Alan Harris.
- Encantada de conocerte, Alan.
- Igualmente.
………………………..

- Y… ¿vienes mucho por aquí?-se atrevió a preguntar Alan-.
- Sólo cuando me apetece ver a una pandilla de niñatos borrachos emborrachándose más aún.
- Vaya, cualquiera diría que te han obligado a venir.
- Más o menos, mis amigas me trajeron y me dejaron colgada. Como soy de fuera, no conozco la zona y prefiero quedarme aquí hasta que vuelvan.

Estuvieron hablando un buen rato. Ambos se sentían muy cómodos haciéndolo (lo cual no era nada normal en Alan), y con frecuencia rompían en carcajadas o descubrían una nueva pasión compartida. Y entonces ocurrió.

- ¡El 219!-gritó una voz-.

¿El 219? ¿De qué le sonaba aquel número? Oh, no. Era el suyo, el que le habían dado a la entrada.

- ¡El 357!-volvió a gritar la voz.

Annabeth sacó un papel de su bolsillo, y en su cara apareció la misma expresión que instantes antes en la de Alan.

- ¡Eh! ¡Los del banco al lado de la piscina! ¡Sí, vosotros, que os he visto! ¡Os ha tocado, venid aquí!

Alan y Annabeth fueron prácticamente arrastrados por la muchedumbre hasta la tarima, donde no tuvieron más remedio que subir.

- Vosotros dos habéis sido los seleccionados. Y os ha tocado… (giró una de las bolas, y tras unos segundos de lo más largo sacó un papelito)… ¡Bailar un vals! ¿Bailar un vals? Vaya un fastidio, ¿a quién se le habrá ocurrido? Menudo rollo. Bueno, es igual, las reglas son las reglas, y no creo que dure demasiado.
- ¿Pero…?-dijeron Annabeth y Alan al unísono.
- No tenéis que agradecérmelo. Aún no. ¡Disfrutad!
- Es que…
- ¡A bailar se ha dicho!
- Oye, Annabeth-dijo Alan susurrándole al oído-. Creo que será mucho más rápido si lo hacemos.
- Entonces… ¿quieres que… bailemos?
- Bueno, pero si tú no quieres, podríamos…
- Me encantaría.

Alan no había estado más nervioso en toda su vida, pero feliz al mismo tiempo. Miró a Annabeth a los ojos. Esos preciosos ojos verdes que lo miraban con una mezcla de inseguridad y confianza a la vez. Tímidamente, Alan puso su mano derecha en la cintura de Annabeth y con la otra cogió la mano derecha de Annabeth, mientras Annabeth apoyaba su mano izquierda en el hombro derecho de Alan. La música comenzó a sonar.

Al principio fue algo embarazoso, aunque poco después ambos, Annabeth y Alan, empezaron a bailar tan bien como si llevaran toda la vida haciéndolo. Tras casi media hora transcurrida demasiado rápidamente, Alan dejo caer suavemente a Annabeth, para luego volverla a subir e inclinarse ante el público.

- Ha sido increíble-dijo Annabeth.
- Sin duda. ¿Dónde has aprendido a bailar tan bien?
- ¿Yo? ¿Y qué me dices de ti? Con lo bien que bailas, no me explico cómo es que las chicas de aquí todavía no han hecho cola para bailar contigo.
- La verdad es que nunca he tenido demasiada suerte en ese aspecto. Lo más parecido a una novia que he tenido ha sido… Rectifico, no he tenido nada parecido a una novia.
- Pues como yo. Pero piensa esto: ellas se lo pierden.
- Además, no está tan mal estar soltero. Muchas veces la amistad es incluso más fuerte que el supuesto “amor”.
- En eso tienes razón.

La noche estaba llegando a su fin, y llegado un momento Annabeth tenía que irse.

- Vaya, Alan, si es súper tarde-miró su móvil-. Y mis amigas me han enviado un mensaje.
- Pues…esto… Podrías darme tu móvil y yo a ti el mío. Ya sabes, por si te apetece que volvamos a vernos algún día.
- ¡Claro! Aquí tienes.

Acto seguido, ambos se intercambiaron los teléfonos móviles y se hicieron una foto juntos. Alan se armó de valor.

- ¡Espera! Annabeth, yo… me alegro mucho de haberte conocido, y… y espero que podamos volver a vernos… pronto.
- Yo también me alegro, Alan-y dejó un dulce beso en la mejilla izquierda de Alan-. Hasta pronto.
- Hasta pronto.

Y se alejó a través de la muchedumbre. Alan se llevó la mano a su mejilla, notando aún la dulzura de aquel beso, un beso que jamás olvidaría.

Pero volviendo al presente, el móvil de Alan se había roto sólo unos días después de la fiesta y jamás pudo volver a contactar con Annabeth. Tan sólo conservaba aquella foto. Qué se le va a hacer-pensó-. Supongo que hay personas a las que les va más estar solas.

Alan suspiró y apagó la luz. Tenía que descansar para su primer día de instituto.

viernes, 10 de diciembre de 2010

El fenómeno del amor. Capítulo I : Dos vidas (2ª Parte)


Varias horas después y a sólo unos kilómetros de allí, William Spencer despertaba sobresaltado.

- ¡Arriba, Will! ¡Es el gran día!
- ¿Pero qué…?- cambió levemente el tono de voz, al darse cuenta de quién era-. Vamos, Bradley, es sábado y tengo sueño. Déjame dormir.
- ¿Dormir? ¿Bromeas? En cuanto conozcas mi gran plan para esta noche, verás cómo cambias de opinión.
- ¿Plan? ¿Qué plan?
- Allá va. Resulta que me he enterado de que alguien muy importante está hoy aquí, en San Francisco. Prepárate… ¡Alice Sutherland!
- ¿Alice Sutherland?
- Sí, ya sabes, la actriz y cantante famosa a nivel mundial que…
- Ya sé quién es, Bradley, todo el mundo lo sabe. Sólo quería asegurarme. ¿Y qué plan es ese? ¿Hay que infringir muchas leyes?
- No demasiadas. Tan sólo consiste en colarnos en una fiesta al otro lado de la ciudad.
- ¿En serio? ¿Y realmente crees que nos van a dejar colarnos así como así?
- Sí, si seguimos mi plan…- dijo Bradley, al mismo tiempo que salía del cuarto, tras lo cual volvió en pocos minutos con unos trajes de lo más ridículos-.
- Ni de coña- dijo William, totalmente convencido-.
- Pero si todavía no has escuchado mi plan.
- Ni falta que me hace. Te conozco de toda la vida. Querrás que nos pongamos esos absurdos trajes, finjamos ser famosos y recemos para que los guardas nos dejen pasar.
- Vaya, sí que me conoces bien.

Y tanto que lo conocía bien. Era su único y mejor amigo, además de vecino. Era muy buena persona, aunque algo frustrado por el hecho de no haber encontrado aún a su media naranja. Frustración que lo llevaba a esa clase de idea, con el único objetivo de plantarse delante de una famosa como Alice y pedirle… no sé, que le concediera un baile, por ejemplo. Y aquello resultaba bastante preocupante para William, quien en los últimos meses había visto a su amigo trazando planes como presentarse con una tarta en forma de corazón en casa de la chica más popular de la clase (resultando ser en realidad la casa de la profesora menos popular del instituto) o intentar ayudar a la misma chica a colgar un enorme cartel en la puerta del instituto (lo cual tuvo como inesperada y dolorosa consecuencia la caída de aquella chica agarrada al cartel curiosamente justo sobre la profesora recientemente nombrada). Afortunadamente, ninguna de sus experiencias había significado hasta entonces más gravedad que una pierna dolorida y un par de buenos psicólogos. Pero, tal y como iba encaminada la situación, William pensaba que podría ser que aquella vez su amigo se fuese algo de las manos.

Sin embargo, mirando a Bradley pensó en la ilusión que él tenía y su confianza en que su amigo Will lo acompañaría. Mientras él estuviese allí con él, vigilándolo de vez en cuando para que no hiciera ninguna tontería, el “plan” podría llegar a ser incluso divertido.

- Está bien, iré contigo-dijo William-. Pero, ¿cómo piensas pasar los controles de de la entrada a la fiesta?
- Con esto- dijo mostrando una siniestra aunque divertida sonrisa. Acto seguido, se sacó del bolsillo lo que parecían dos invitaciones, sin nombre alguno en ellas.
- ¡Vaya, esto sí que no me lo esperaba! ¿Cómo las has conseguido?
- Tengo mis contactos.
- O sea, que se las robaste a alguien del instituto.
- Dicho así, pierde la gracia. Además- dijo Bradley, haciendo una leve pausa- Ethan y Mark, esos pijos de pacotilla sin duda se lo merecían. Todavía no les perdono su última bromita-.
- Sí, desde luego. Eso de meter tabasco y guindillas en tu almuerzo… como que no estuvo demasiado bien.

William miró a través de la ventana de su habitación, con aire optimista y sonriendo. Su amigo Bradley hizo lo mismo.

- ¿Sabes, Will? Presiento que esta va a ser una gran noche-dijo Bradley.
- Ojalá lo sea.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Tom y Nicole; la gran aventura (II)





Por la noche, ambos se quedaron en la habitación de Tom a ver “High School Musical”. Por suerte, era viernes y al día siguiente podrían descansar. Pero Nicole apenas aguantó hasta el final de la película. El cansancio acumulado de toda la semana hizo que cayera presa del sueño.

Tom la cogió delicadamente y, con cuidado, la llevó hasta la cama de su habitación, a sólo unos metros de allí. Apartó las sábanas, la dejó caer con suavidad y la volvió a tapar. Era invierno y el frío era corriente por las noches, allí en Gales. La tapó bien, porque sabía que si no el frío la despertaría a mitad noche y no podría volver a dormirse. La conocía muy bien.

Antes de marcharse a su habitación también a dormir, Tom contempló el tablón de corcho que Nicole tenía sobre la mesa de estudio. En él había fotos de ambos por todas partes. La más bonita era sin duda aquella en la que salían los dos juntos sentados en la playa (a unas dos horas en autobús del internado), en un día de tormenta con enormes olas rompiendo a lo largo de toda ella. O aquella en Londres, en la que ambos salían en la foto que se hicieron partiéndose de risa con uno de esos personajes disfrazados de las calles.

Era curioso, pero Tom apenas se había parado a pensar en la suerte que había tenido al conocer a Nicole: era tan lista, divertida y leal…, tan buena amiga…En cierta forma, el haber perdido a sus padres los había unido en un principio, pero con el tiempo eso había cambiado. Conforme iban conociéndose mejor, acabaron considerándose como hermanos, al ser prácticamente iguales tanto en gustos como intereses y personalidad.
Con ella, todo era diferente. El simple hecho de verla cada mañana alegraba la vida de Tom hasta límites insospechados. La quería, y lo más curioso es que cada día lo hacía más.

Agotado, Tom volvió a su habitación y se acostó en la cama. A diferencia de las anteriores noches, aquella durmió perfectamente.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

GUILFORD



Era de noche, y un gran manto de oscuridad cubría el cielo del bosque. Entre los árboles, una figura se abría paso a trompicones, nerviosamente y al parecer con mucha prisa. “Tenía que conseguir salir del bosque. Tenía que salir de allí y advertir al chico del peligro que corría. Si no, toda esperanza se desvanecería”.

“Ya casi estaba, sólo unos metros más y…”. Pero una segunda figura, amenazadoramente grande y rápida, la detuvo y la inmovilizó, lanzándola contra el suelo y dejándola casi sin respiración. Casi podía sentir la expresión de terror en su rostro, sin ni siquiera haberlo visto todavía. Y fue entonces cuando aquella figura se hizo más visible y giró su cara, dando a entender tres palabras: Ponte…a…salvo.

Alan Harris despertó sobresaltado en el coche. Él y su madre estaban llegando a su destino: Guilford. Un pequeño aunque al parecer acogedor pueblo del noreste de Estados Unidos, en el estado de Maine. Todo un lujo.

Alan miró por la ventana. Estaba muy nervioso. Llegaban justo para el comienzo del nuevo curso, y eso supondría interminables horas de adaptación a todo lo que allí había. Suspiró levemente. “Bueno, al menos parece un pueblo tranquilo”-pensó para sí mismo-. Durante años recordaría aquella frase, como una especie de maldición sobre sus espaldas.

Llegaron a la casa, y tras una corta aunque suficiente cena, Alan subió a su “proyecto de cuarto”, se hizo la cama y empezó a preparar su mochila para el día siguiente. Fue entonces cuando encontró aquella foto, sacada exactamente tres meses antes, en un local al otro lado del país. En ella, se veía a un más que sonriente Alan y a una bella chica rubia, de ojos verdes y mirada penetrante. Ambos habían bailado y… y entonces comenzó a recordar aquella maravillosa noche, sin duda la mejor de su vida hasta entonces. Se tumbó en la cama y dejó, durante unos minutos, que su memoria lo trasladara al pasado, al día (o mejor dicho noche) en que conoció a aquella chica.

Tom y Nicole : la gran aventura (I)

Una vez hubieron llegado al comedor, ambos localizaron su mesa. La mesa en la que habían desayunado casi todos los días desde hacía años. Tom con sus tostadas con mantequilla y Nicole con sus huevos revueltos con bacón, se sentaron en las dos únicas sillas que rodeaban a su pequeña mesa. Para enorme desilusión de ambos, vieron que Caroline Carpenter, la persona que más odiaban en el mundo entero e indiscutible reina social del internado, se acercaba peligrosamente a ellos, como un depredador acechando a su presa.

- Vaya, vaya. Mira quiénes han aparecido. La pareja más famosa del momento. Me sorprende que sigáis pensando que bajar a desayunar con esas pintas es mínimamente normal.
- Véte-dijo Tom, con un clarísimo tono de enfado, pero de lo más tranquilo-.
- ¿Perdona?
- Ya me has oído, lárgate a molestar a otra parte. No nos apetece tener que aguantar a alguien como tú ya de buena mañana.
- Mira quién habla, quien parece que lleve una semana con la misma ropa. Y tú_dijo Caroline, girándose hacia Nicole_ ¡Dios mío! ¿Cuánto hace que no te maquillas? Desde luego, a este paso, dudo que algún chico se moleste siquiera en mirarte.
- No pienso malgastar saliva con un engendro como tú, pero ni qué decir tiene…_Tom hizo una breve pausa_. Nicole es mucho más guapa de lo que tú y tus estúpidas amiguitas con un cerebro tamaño guisante podríais llegar alguna vez a imaginar.
- Vaya, parece que me equivocaba. Pues sí que tienes un chico, Nicole, un auténtico caballero andante-Caroline dejó escapar unas risitas-. Lástima que sea un perdedor.

Dicho esto, Caroline se alejó.

- Idiotas…-dijeron ambos amigos al unísono-.
- Pero no hacía falta que lo dijeras, Tom.
- ¿A qué te refieres?
- Serán idiotas, pero sí que son mucho más guapas que yo. Vamos, míralas, son lo que la mayoría de chicos no dudarían en llamar un espécimen perfecto de “tía buena”.
- Pues hablaba en serio cuando lo decía.
- ¿Quieres decir que te parezco…guapa?

Aquella pregunta sumió a ambos en un ligero estado de incómoda confusión. Ambos habían sido amigos desde siempre, y entre ellos había una confianza más común entre parejas de novios que entre amigos.

- Desde luego.
- Pues ahora que sacamos el tema, tú tampoco estás nada mal-dijo Nicole, con un tono irónico bien conocido por Tom-.

Transcurridos unos segundos, ambos estallaron en carcajadas. Y estuvieron así más de media hora. La relación de Tom y Nicole era muy especial, tanto que los ataques de risas iban y venían casi a diario.

UN NUEVO COMIENZO

No lo podía creer. En tan sólo unos minutos, su vida había pasado de ser lo mejor a un auténtico infierno. Iba con sus padres y su hermano de excursión a la playa cuando uno de esos capullos borrachos de los que te puedes encontrar en cualquier playa del mundo se saltó un stop. En sólo unos segundos, vio toda su vida pasar por delante de sus ojos, y luego … luego todo se oscureció.

Despertó en el hospital horas después, aunque desearía no haberlo hecho jamás. Le dijeron que sus padres y su hermano habían muerto, que habían hecho todo lo posible por ellos, pero no lo habían logrado. Ojalá hubiera muerto también. Preferiría antes que nada estar con ellos, dondequiera que estuviesen, antes que sola y sin nadie a su lado en este mundo de locos.

Casey no había tenido mucha suerte con la amistad, y su familia hacía años que se había dispersado. Sus padres y su hermano lo eran todo para ella, lo que más amaba en este mundo. Y, en un abrir y cerrar de ojos, ya no estaban. Y todo por culpa de un idiota que encima acabó saliendo ileso.

No tenía fuerzas para ir al funeral, pero aún así lo hizo. Por ellos. Porque sabía que, de una forma u otra, por imposible que pareciera, ellos estarían allí con ella.

No había casi nadie. La mayoría eran vecinos, conocidos y compañeros de trabajo. Gente que probablemente los echaría de menos ahora que habían muerto, pero que apenas se relacionaban con ellos en vida. El entierro fue rápido. Unas palabras de un hombre al que Casey no había visto más de dos o tres veces en su vida y luego todo acabó. Pero ella no dijo nada. No, no se veía capaz. Dejó un ramo de flores junto a la tumba de sus padres, y otro en la de su hermano, la cual estaba justo al lado de la de sus padres. Juntos. Al menos, juntos.

martes, 7 de diciembre de 2010

El fenómeno del amor. Capítulo I : Dos vidas (1ª Parte)

Así que allí estaba. Dispuesta a mostrarse ante millones de personas como la actriz y cantante número uno, la más famosa de su edad en el momento, como tantas otras noches.

Estaba agotada. Apenas había dormido, ya ni siquiera recordaba un día en el que hubiera dormido más de cinco o seis horas. Miró el reloj: las diez y media de la noche. Al menos, en un par de horas ese dichoso programa de entrevista habría terminado y podría descansar un poco.

- Alice Sutherland, empezamos en dos minutos-dijo un encargado del programa-.
- Enseguida voy-dijo Alice, con voz queda-.

Se miró al espejo. Un largo y brillante pelo castaño ondulado le caía por los hombros, haciendo resaltar su vestido y la gruesa capa de maquillaje que cubría entonces su cara. Así que eso era lo que adoraba tanta gente, millones de fans muchos de los cuales querrían vivir, aunque sólo fuera por una vez, en la vida de ella. “Lo que daría por vivir una de esas vidas al menos durante un día” pensaba para sí.” Sin presiones, ni obligaciones, ni periodistas entrometidos, ni fan locos…”.

- Señorita Sutherland.
- Sí, ya voy.

Y fue en ese momento cuando se acordó de cómo había llegado hasta allí. Las Sutherland llevaban en el negocio del cine y la música prácticamente desde siempre. Su bisabuela Kelly había sido actriz, al igual que su abuela y su madre. Y ella, además, al salir de buena voz, cantante, prácticamente por obligación. Menuda suerte la suya.

- ¡Alice! ¡Alice, espera!-sonó la voz de su mejor amiga, Megan-.
- Hola, Megan. ¿Qué pasa?
- Quería darte buena suerte para la entrevista. ¡Procura no aburrirte demasiado! Ya sabes que mañana es el cumple de mi primo Max, y por la noche montará en su casa una gran fiesta.
- No es que no me apetezca ir, pero creo que preferiría quedarme en casa a descansar.
- Vamos, no seas aguafiestas- dijo. Aunque, viendo la seriedad en el rostro de su amiga, añadió unas palabras-. Bueno, tal vez podríamos pasar allí un rato, y si después sigue sin apetecerte, irnos a mi casa a ver alguna peli.
- Me parece buena idea.
- ¡Señorita Sutherland!- volvió a sonar la voz del encargado, esta vez más elevada-.
- Bueno, Megan, te dejo. El deber me llama.
- A por ellos, campeona.

Alice se despidió de Megan con un efusivo abrazo. Ella había de siempre su mejor amiga, la única auténtica que había tenido en toda su vida. Llevaba siendo, al igual que ella, actriz y cantante toda su vida. Ambas se consideraban como hermanas, prácticamente inseparables, a pesar de la supuesta competitividad entre cantantes y actores, ausente en su caso por raro que pareciera.

Alice despidió finalmente a su amiga con un movimiento de mano y se dirigió lentamente hacia el plató, procurando no tropezar y esperando no hacer ni decir nada que las cámaras pudieran más tarde usar en su contra. En cuanto llegó, sonrió al entrevistador y al público, así como a las cámaras. Preparada para mostrar lo que millones de personas esperaban ver.

- ¡Señoras y señores, demos una cálida bienvenida a Alice Sutherland, el fenómeno adolescente del momento!

Los focos la apuntaron todos a la vez, cegándola casi por completo. Estando allí de pie, con toda aquella gente mirándola, se acordó de la proposición de su amiga Megan. Tal vez le vendría bien un poco de relajación.

Tom y Nicole : la gran aventura


El sol asomaba por las colinas que había frente al Internado Rhoda Broughton , cercano a un remoto pueblo del norte de Gales. En una de sus habitaciones, orientada al este, Tom Evans abría los ojos poco a poco, mientras iba quitándose de encima esas sábanas tan pegadizas. Había dormido fatal. Para empezar, había tardado horas en dormirse, y además había vuelto a soñar con aquella gigantesca, monstruosa e inevitable ola que siempre lo engullía, hiciera lo que hiciera.

Se levantó y miró el reloj. Las seis y media. O sea, que aún tenía media hora para vestirse hasta que llegara Nicole. Nicole Wildfire era su mejor y única amiga. Ambos eran huérfanos prácticamente desde que nacieron y eran amigos desde siempre. Todas las noches, pasada la “hora límite” impuesta por el director del Internado, Nicole y él se encontraban en un lugar secreto, en el tejado, conocido tan sólo por ellos. Allí se contaban lo más importante del día en los momentos en que no habían estado juntos, compartiendo alegría y risas. Ambos tenían mucho en común. Habían crecido juntos y entre ambos había un poderoso sentimiento de amistad que crecía a cada día. Para cualquiera de los dos, el otro lo era prácticamente todo.

Pasada la media hora, Tom oyó un golpe en la puerta y fue a abrir. Era Nicole, sonriente y dulce como ninguna, que lo aguardaba con un gorro de lana tapando parte de su largo y castaño pelo.

- Vaya, veo que hoy nos levantamos algo cansados, ¿eh, Tom?
- Es que… no he dormido muy bien.
- No te preocupes, ya verás como pronto se te pasará_dijo con pinta de estar convencida_. Aunque si lo prefieres, podemos pelarnos hoy la clase y fugarnos al escondite.
- Tranquila Nicole, no hace falta. Creo que puedo aguantar un día más de clase antes de desmayarme.
- ¿Seguro? Bueno, creo que de todas formas podría llevarte yo sola a la habitación en caso de que ocurriera algo, ya tengo bastante experiencia.
- Muchas gracias, Nicole. Por cierto, he pensado que esta noche podíamos quedarnos los dos en mi habitación. He visto que ponen en la tele “High School Musical”, y he pensado que…
- ¿Bromeas? ¡Ni lo dudes! Sabes que es mi película favorita de todos los tiempos… y que nadie me gana cantando “Breaking Free”.
- Je, que más quisieras…

Nicole le pegó una palmada en el hombro a Tom, como indignada pero claramente en broma. Acto seguido, ambos salieron de la habitación de Tom y anduvieron por el pasillo gritando “¿qué somos? ¡Wildcats! ,¿qué somos? ¡Wildcats! ,¿qué somos? ¡Wildcats!¡Concentraos en el juego! ¡UUhhhhhhh!”, sin importar lo que pensaran el resto de estudiantes del pasillo. Corriendo y riendo, se dirigieron juntos al comedor, en la planta baja, donde el desayuno estaría ya preparado.

domingo, 5 de diciembre de 2010

AMIGOS EN MADRID


Madrid. Capital de España. Una de las mayores y más importantes ciudades del mundo. Tres millones y medio de habitantes. Y entre ellos, Miguel López. Llevaba viviendo allí toda su vida, y a dos de sus tres mejores amigos los había conocido en el jardín de infancia: Sara y Carlos. El tercero, Alejandro, era más nuevo. Había llegado allí desde Valencia hacía poco y aún se estaba terminando de instalar.

Los tres primeros estaban a punto de comenzar su primer año en la universidad, razón por la cual los nervios eran grandes y más a medida que se iba acercando el día. Miguel iba a estudiar informática (pues le gustaba y se le daba bastante bien), Sara artes interpretativas (pues quería ser actriz de cine) y Carlos veterinario (algo que quería llevando ser prácticamente desde siempre). Alejandro, por su parte, tenía pensado estudiar, aunque todavía no sabía qué. La verdad es que, comparado con los demás, se lo tomaba con bastante calma.

Era el 23 de septiembre del año 2010. El último día de vacaciones de verano. Miguel López había quedado en reunirse con sus amigos en el famoso y hermoso parque del retiro, a los pies del Palacio de Cristal. Miguel Vivía en Juan de Urbieta , a sólo un par de kilómetros de allí. Podía ir andando perfectamente, ya que era domingo y en una ciudad como aquella los autobuses estarían tirando a llenos.

En cuanto llegó, se alegró al comprobar que Sara y Carlos ya habían llegado. Ambos vivían en la misma calle, y por ello solían ir juntos desde allí siempre que quedaban.

¡Hola!

Como dice el título: ¡Hola!

Sed bienvenidos a mi nuevo blog, un blog que he creado porque me gusta escribir historias y he pensado que estaría guay ir publicando aquello que se me ocurra. ¡Espero que lo disfrutéis!

Soy el número cuatro

Soy el número cuatro
Me encanta esta peli :)