jueves, 23 de febrero de 2012

Poderes (IV)

- ¿Y qué tal este?-dijo, al tiempo que se daba la vuelta para que pudiera verlo por detrás-. ¿Qué te parece?

Rachel y yo estábamos en una de las tantas tiendas de la Quinta Avenida, y ella se estaba probando un vestido de color rojo intenso.

- Yo creo que te queda genial.
- Ryan, no te lo tomes a mal, pero no me estás ayudando precisamente. Has dicho lo mismo de los anteriores doce vestidos.

Y qué quería que le dijera, si todavía no se había inventado ningún atuendo capaz de atenuar la extraordinaria belleza de Rachel. Pusiera lo que se pusiera, seguía viéndola como la chica más hermosa del mundo.

- En serio, Ry.  El baile es el miércoles, y será una noche más especial para mí. Quiero que todo sea perfecto.
- Y yo, Rech, pero es que no veo ninguno que no...

De repente, me vino la inspiración.

- Espera-le dije-. Tengo una idea.
- ¿Sí?¿En serio?

Me fui y volví al cabo de unos segundos con un vestido de tonalidad azul.

- El azul es tu color favorito,¿no? Entonces pruébate este.
- Está bien, si tú lo dices...

Se cambió en el probador, y volvió al cabo de unos minutos aunque pareciera imposible, todavía más bella de lo que la había visto con los otros vestidos.

- ¿Qué tal estoy?-me preguntó, sonriendo-.
- Creo... Creo que todavía no han inventado una palabra lo suficientemente bonita como para describir lo increíble e irresistiblemente atractiva que estás.
- ¿Te he dicho alguna vez cuánto te quiero?-dijo mientras se acercaba hacia mí y me rodeaba el cuello con los brazos-.
- Ehm... Sí, alguna vez-dije, sonriendo-. Supongo.
- Vayamos a buscar un traje para ti.

Al contrario que con su vestido, encontrar un traje para mí no nos llevó demasiado tiempo.

- Pruébate este-me dijo, dándome un traje negro y con corbata y todo-.

Y lo hice. Entonces salí  de los probadores.

- ¿Qué tal?-le pregunté-. ¿Qué opinas?
- Opino-me dijo, mientras se acercaba a mí- que tengo el novio más guapo y sexy del mundo.
- Eso ya lo sabía, me refería al traje.
- Serás tonto...

Y nos besamos. Sí, otra vez. Qué queréis que os diga. Es lo que tiene un amor como el nuestro.

- Entonces, adjudicados-le dije-.
- Es alucinante, Ry, tengo tantas ganas de que llegue el baile...No puedo creer que falte tan poco.
- Y yo también me muero de ganas, después de todas mi clases de baile... Voy a arrasar.
- Estoy segura de ello-dijo Rachel, riendo-.

El resto del día lo pasamos paseando por Central Park, comiendo algún que otro perrito caliente... E incluso fuimos un rato a patinar a la pista de hielo del Rockefeller Center.

Sin comentarios.

Al caer la noche, ella se fue a su piso y yo al mío. Estaba muy cansado, así que me tumbé en mi cama directamente, sin cambiarme ni nada.

- ¿Sabías que Lea Michele vive en este barrio?

Creo que si no me dio un infarto allí mismo fue de puro milagro.

 Héctor.

- ¿Qué co...? ¿Se puede saber qué haces aquí? Quiero decir, en mi cama y en mi cuarto... ¿y a oscuras?
- Pues me había acostado aquí, en el sitio más cómodo que he encontrado y cuando he oído ruidos he pensado... Pues ya ha vuelto.
- Con la de sitios que tenías para dormirte...
- Menos rollos y dímelo, tío. ¿Sabías que Lea Michele vive en este barrio o no?
- ¿Quién?
- Lea Michele. Ya sabes, "Rachel Berry" en "Glee".
- Ah...Pues claro. Su apartamento está justo enfrente.

Su reacción casi me puso al borde de un segundo infarto.

 - ¿¿¿¿¡¡¡¡Quéeeee????!!!! ¡¿Y eso desde cuándo?!
- Pues desde siempre, la conozco desde que era muy pequeño.
- En serio, tío. Me estás tomando el pelo.
- Como tú quieras.
- Espera un momento, eso-me dijo, señalando un póster en la pared- no lo tenías la última vez que vine.
- Un regalo suyo, por mi último cumpleaños.
- Bueno, mejor será que lo dejemos. No me puedo creer que lleves tanto tiempo ocultándome algo así, tío. ¡Es una imperdonable violación del Código de los Colegas!
- Venga ya, ni que fuera una diosa o algo. Es muy maja,sí, pero sigue siendo una persona normal, Héctor, como cualquiera de nosotros.
- Lo que tú digas, pero yo no me muevo de aquí hasta que aparezca, sólo así podré forzar uno de mis "encuentros casuales".
- Bien por ti, pero no creo que la veas. Está de vacaciones en Hawaii, con su amiga Dianna.
- Te odio, tío.
- Qué quieres que te diga, Héctor. Vivir en la capital del mundo occidental tiene sus ventajas.

Realmente no parecía que Héctor tuviera la más mínima intención de abandonar mi habitación en unas cuantas horas, así que a pesar de mi cansancio decidí salir a dar una vuelta.

Saliendo ya por el portal del edificio, pude ver a través de una ventana del tercer piso a Rachel, tumbada en el sillón de su salón y abrazada a su gata, embarazada de varios meses. Una gata preciosa, de negro pelaje, buena y cariñosa, que me encontré una vez en un contenedor en la calle (por difícil que pueda resultar de creer para aquellos que piensen que no hay gatos en Nueva York) y le regalé a Rachel en su último cumpleaños, hacía entonces un par de meses. 

Proseguí mi marcha tranquilamente. Me dirigí hacia la izquierda, por la calle “Mark Place”. 



Iba andando a la altura de la parada de metro “Astor Place” cuando me fijé en una de esas tantas tiendas abiertas veinticuatro horas en la ciudad (de esas en las que se vende de todo), concretamente en su dependiente. 

Parecía estar como en una especie de trance o algo así, por lo que decidí, gracias a mi entonces recién adquirida valentía, ir a averiguar qué estaba pasando. 


- Recordad-oí mientras entraba-. Debemos darnos prisa. Que el tío de la tienda tuviera una mente tirando a débil no significa que… ¿Pero quién …?¿Quién eres tú, y qué haces aquí? 


Se trataba de un grupo de tres chicos (dos de ellos más bajos que el tercero, con pelo corto y liso y un tercero de piel oscura, con pelo corto y rizado y algo más alto que los otros dos) y una chica, que sin duda se trataba de la líder del grupo, morena, bastante alta y con el pelo a la altura de los hombros. 


- Te hemos hecho una pregunta, tío-dijo el más alto-. 
- Ah, lo siento. Pensaba que se trataba de una retórica. Me llamo Ryan, y paseaba por los alrededores. He visto algo raro en esta tienda y he entrado. Así que estáis… 
- Robando-acabó la chica-. Sí, eso es lo que estamos haciendo. ¿Algún problema al respecto? 
- Ninguno, si no consideráis problema que os dé una paliza. Mirad, tenéis dos opciones: u os vais dejando aquí todo lo que os intentábais llevar o no lo hacéis y os doy una lección. 

Parecía que no se lo habían tomado precisamente en serio así que me dispuse a actuar, cuando de pronto…


Uno de los chicos apoyó dos de sus dedos de su mano derecha en su cabeza, a lo Charles Xavier en “X-Men”. Y entonces sentí que me iba a explotar la cabeza, el dolor era tan horrible e insoportable… 


- Menos cuentos-dijo la chica,
 mientras uno de los otros dos chicos elevaba una mano y me levantaba en el aire, como si fuera un muñeco de trapo-. Sabemos quién eres, Ryan. No hay muchos capaces de reducir a uno de los delincuentes más peligrosos de la ciudad en cuestión de segundos y sin el más mínimo rasguño. Pero nosotros somos cuatro, y tenemos mucha más experiencia que tú con esto. 


- ¿Qué…?-dije, sintiendo que estaba a punto de desmayarme por el dolor-. ¿Qué quieres decir? 
- Quiero advertirte. Si sigues actuando así, desafiando a todos los peligros con los que te encuentres... acabarás muy mal. Créeme, sé de lo que hablo. No te esfuerces por intentar ayudar a personas que no sólo no te lo agradecerán, sino que te harán responsable de todo lo malo, te marginarán e incluso te encerrarán para poder estudiarte y experimentar contigo. Dave, suéltalo-dijo haciéndole una señal a uno de los chicos bajos-. 

Con un movimiento de mano, el tal Dave acabó al fin con mi dolor. 

- ¿Y cómo sabes…?-dije, recuperando el aliento-. 
- Porque eso es lo que hicieron conmigo. 

Estaba aún tumbado en el suelo, todavía sin fuerzas para levantarme, y la chica se acercó a mí. 

- Ven con nosotros-me dijo-. Y te enseñaremos la verdad acerca de todo esto. 


No sé si en parte por la influencia mental de ese tal Dave, en parte por curiosidad, le di la mano a aquella chica y me fui con ellos, dando los primeros pasos hacia una vida totalmente distinta de la que jamás hubiera podido imaginar.

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Soy el número cuatro

Soy el número cuatro
Me encanta esta peli :)