lunes, 7 de noviembre de 2011

DIARIO DE UN SUPERVIVIENTE (XXXI)


Muy bien-decía Richard-. Entonces, cada uno tendremos un walkie-talkie. Justin entrará primero por la entrada principal, e intentará llamar la atención de aquellos que la vigilen.

- ¿Y quién dice que no me freirán a tiros en cuanto me vean?
- Probablemente lo intentarán, pero entonces los despistarás con esto-Richard se sacó algo del bolsillo-.
- ¿Canicas?-preguntó Justin-.
- Bolas de humo. Un pequeño golpe, y tendrás el tiempo suficiente para escapar sin que te vean. Simplemente entrarás allí, los llevarás a todos lejos de la sala de control, y una vez lo hayas hecho, yo piratearé el sistema informático para que Milla pueda liberar a los prisioneros. Y Milla...
- Sí, estaré allí para liberarlos-dijo, animada. Se la veía contenta, entonces que por fin estaban a un paso de salvar a su familia-.
- Exacto, pero antes me gustaría que permanecieras cerca de Justin, por si el asunto se complica. Quiero que todos salgamos vivos de allí, ¿vale?
- No hay problema. Vigilaré al pequeñajo.
- ¡Yo no soy un....!
- Muy bien, pues si ya está todo claro vamos allá. Suerte a todos, y no olvidéis que tenemos los walkie-talkies para hablar entre nosotros si surgiera cualquier problema.

Y se adentraron en aquella gigantesca instalación.

Primera fase del plan: Justin en la entrada principal.

Avanzaba paso a paso y sigilosamente, hasta el lugar en el que pensaba que atraería la atención de más guardias.

- ¡Ja! ¿Y vosotros os llamáis soldados? Tuve un conejo una vez, ¡e imponía más que vosotros!

No hizo falta más para que todos se lanzaran corriendo tras Justin, momento que Milla aprovechó para colarse ella también y buscar un camino hacia el recinto de los prisioneros, pero sin alejarse mucho del lugar.


- Señor-decía uno de los encargados del sistema de seguridad, en una especie de sala principal repleta de ordenadores y pantallas de última generación -.  Nuestros guardias han detectado un intruso en la entrada principal. Dicen que es el niño.
- Entonces, los otros tres no andarán lejos. Aunque también podría ser una trampa. En cualquier caso, lo mejor será... que abras las compuertas de la galería A, y selles todo el piso para que el chico no pueda escapar. En el peor de los casos, tendremos un intruso menos del que preocuparnos.
- Señor, pero...-dijo el encargado, casi titubeando-. Tenemos allí a muchos de nuestros hombres...
- ¿Y qué? ¿Es que quieres hacerles compañía?
- No, señor, pero...
- Entonces hazlo.
- Sí, señor.

Justin había conseguido volver corriendo al inicio de su carrera, cuando descubrió que la salida estaba bloqueada.

- ¡Mierda!¿Pero qué...?-dijo,al tiempo que se giraba para ver si sus perseguidores le habían alcanzado-.

Pero no había nadie, por lo que Justin se dirigió allí, el único camino posible para ver si se le había pasado alguna posible salida. Y lo que vio...

Una auténtica masacre. Docenas de zombies se estaban dando un festín, pero aquellos zombies eran mucho más rápidos e inteligentes que cualquiera con el que Justin hubiera tratado. La parte buena, era que los soldados ya no lo perseguirían. La mala... Bueno, tal vez el tener a docenas de zombies, todos ellos mirándote con un hambre insaciable. Era algo así como si una gacela se hubiera encontrado con ochenta leones que llevasen días sin comer. Vamos, una situación bastante preocupante.

Justin se quedó anonadado. No tenía ninguna posibilidad de salir de allí con vida, los zombies lo acabarían arrinconando tarde o temprano. A no ser... A no ser que corriera hacia delante, disparando a lo loco y sin pararse. Puede que entonces tuviera alguna posibilidad.

Comprobó que tenía sus armas cargadas y se lanzó.


- ¡¡¡Por los twinkies!!!-gritó Justin, en honor  a su ídolo.

Incluso llegó a cerrar los ojos, se cargaba zombies por doquier. Hasta que no oyó nada. Abrió los ojos, y comprobó que los había matado a todos.

Orgulloso de sí mismo, pensó que no habría un mejor momento para hacer una especie de "baile de la victoria".

- I have the power!!-gritaba-. Yeah!! I have the power!!
- ¿Justin?-se oía la voz de Milla, procedente del walkie-talkie-. ¿Justin, estás bien? He oído muchos disparos, y no podía volver a la entrada principal.

Justin se había olvidado del walkie-talkie.

- Sí, Milla. Estoy perfectamente. ¿Y tú?
- También estoy bien. He encontrado un camino apenas vigilado que va a donde tienen a los prisioneros. Se encuentra a la altura de una trampilla unos dos pisos más arriba de donde estás tú.
- Muy bien, intentaré llegar a donde me dices, aunque creo que estoy encerrado.
- No te preocupes, acabo de hablar con Richard y dice que hay una especie de ascensor de mercancías que podrías utilizar, al final del pasillo que empieza en la entrada principal.
- ¿Y cómo es que no lo he visto?
- Porque sólo se abre con autorización. Una contraseña.
- ¿En serio? ¿Y qué contraseña es esa?
- Ni idea, pero Richard dice que podría ser algo así como "Apocalipsis"..

Justin se dirigió corriendo al final de aquel pasillo. Vio una especie de panel con teclado, y se acercó a él.

- No creo que pueda hacerlo. Dudo mucho que esa sea la contraseña, además si me equivoco-dijo mientras la introducía- seguro que aparecerán un montón de rayos láser que me partirán en trocitos, como en la Colme...

Pero las compuertas del ascensor se abrieron.

- Sin comentarios-murmuró Justin-.

Se metió en el ascensor, y pulso el botón de dos pisos superior. Pero presionó también sin querer el de un piso superior.

Al llegar allí, las compuertas se abrieron y Justin vio a otras tantas docenas de zombis y demás experimentos genéticos inquietantemente similares a los de la Corporación Umbrella en "Resident Evil", poniéndose las botas con más de aquellos soldados.

Aquellos monstruos en su totalidad se giraron todos hacia Justin, y mientras algunos de ellos intentaban alcanzarlo, las compuertas se cerraron.

- Je, je-dijo Justin, con una risilla nerviosa-. Piso equivocado.

Cuando al fin llegó al piso en cuestión, Justin trató de contactar con Milla.

- ¿Milla? ¿Milla, estás...?
- ¡Ajá! Ya te tengo. Mueve un sólo músculo y te vuelo en pedazos.

Uno de aquellos soldados lo estaba apuntando con un arma de tamaño nada despreciable, que hacía que la suya pareciera un juguetito de plástico.

- ¿Sabes? Esto tiene un lado positivo. Para ti no, está claro, pero para mí... Un buen ascenso, eso seguro. Y si te mato ahora...¡¡¡¡¡¡¡¡¡Ahhhhhhhhh!!!!!!!!!!

Pero uno de aquellos bichos mutantes, el de aquella escena de la iglesia en "Resident Evil 2: Apocalipsis", le agarró del cuello y le arrancó la cabeza de cuajo.


- ¡Joder!

Justin corrió cuanto pudo, pidiendo ayuda por el walkie-talkie y preguntándose dónde demonios estaría Milla.

Paró de correr cuando vio que no había salida, casualmente en el mismo momento en que comprendió que aquella horrible y asquerosa criatura lo habría acorralado. Estaban seguro de no le quedarían más de unos segundos de vida, daba igual cuánto disparara, no le haría ni rasguños. El mutante miró al chico y lanzó su lengua en forma de lanza en dirección a él.

Pero justo en aquel momento, el techo cedió y cayó sobre aquel bicho. Con Milla encima.

- Perdona por la tardanza, es que no encontraba la forma de llegar.
- No importa, siempre y cuando llegues a tiempo para salvarme la vida.
- No hay de qué. Por cierto, el camino del que te hablado se encuentra por aquí. Sígueme.

Y ambos se internaron en un hueco, tras una pequeña trampilla en la pared, un largo y estrecho túnel que les  llevó a su destino. O al menos eso creían.

- No fastidies-dijo Justin-.
- Será coña-añadió Milla-.

Si habéis seguido las aventuras de Alice, el personaje de Milla a lo largo de la saga "Resident Evil", probablemente sabréis que hay varios malos principales:zombies (obviamente), los perros mutantes (Resident Evil), los bichos que se crearon al entrar por primera vez en contacto el virus con un ADN humano (Resident Evil 1, cargándose al malo y Resident Evil 2, en la escena de la iglesia), Némesis (Resident Evil 2) y el super-malvado de la historia (principalmente el presidente de Umbrella, Albert Wesker). Bueno, antes de enrollarme mucho más (ya que veo que hasta el mutante se están empezando a aburrir de tanta descripción), terminaré diciendo que si os paráis a pensar en uno de los principales malos que no esté en esta lista, os daréis cuenta de que es... ¿Sabéis qué? Os daré una pista: es grande, gordo y lleva media bolsa de patatas por cabeza. Ah, y le sobresalen pinchos por el cuerpo y lleva un hacha todavía más grande que él.



- ¿Y ahora que hacemos?
- Matarlo sería una buena idea-comentó Milla-.
- ¿Y cómo exactamente? Porque desde luego que no me presto voluntario para deslizarme por entre sus piernas y pegarle un tiro en su único punto débil: la cabeza. Además, el suelo está seco.
- Si, definitivamente ese es el mayor de nuestros problemas.

En aquel momento, el mutante se acercó a ambos y Milla empujó a Justin, librándolo por los pelos de un hachazo que lo habría probablemente partido en dos. Literalmente.

- ¡Justin! No tenemos mucho tiempo, así que confía en mí. Creo que tengo una idea, pero para ello necesito que atraigas al monstruo hacia donde yo te diga.
- ¿Y por qué no lo haces tú?
- Alguien tiene que ocuparse de la lámpara, ¿no?
- Obvio.

Sé lo que pensáis. ¿Una lámpara, otra vez? Pero os voy a decir, mis queridos lectores, que la forma de la que Milla y Justin intentarían acabar con el bicho ese sería... ¡electrocución! Todavía más divertido que el aplastamiento.

Por el momento, el plan iba bastante bien. Pero entonces, Milla se vio arrinconada justo en el momento en que aquel mutante levantaba su hacha, listo para la venganza por lo acontecido en "Resident Evil 4: Ultratumba". Y la habría partido en dos  si Justin no hubiera, de una forma que ni siquiera viéndola termino de comprender, enganchado unos cables sueltos a la altura del cuello del mutante. Y de un salto.

Justin saltó a tiempo, y aquel gigantesco monstruo voló en pedazos, incluidas sus vísceras. Y respondiendo a vuestra pregunta, sí, hacía falta decirlo.

- No está mal para el pequeñajo, ¿eh?
- Desde luego que no.

Parecía mentira que hubieran vencido a un bicho de esos en tan poco tiempo.

Si es que ya no hacen mutantes como los de antes.

Milla y Justin continuaron por un pequeño túnel, hasta que por fin llegaron a su destino (esta vez de verdad).

- Hay guardias de esos vigilando las celdas-dijo Milla-. Deben de haberles advertido sobre nosotros.
- ¿Y qué tal si usamos las bolas de humo que me dio Richard?
- ¿Es que no las has utilizado todavía?
- La verdad es que ni siquiera recordaba que las llevaba hasta hace unos segundos.
- Bueno, en ese caso creo que sí que podrían sernos útiles. ¿Alguna sugerencia de cómo hacerlo?
- ¿Y si utilizas esas lecciones de judo para  dejarlos inconscientes? Al fin y al cabo, no son muchos. Incluso yo podría ayudarte.

Se encontraban asomados cuidadosamente a la trampilla, a nivel de suelo, cuando Justin lanzó la primera bola. Milla salió en cuento ésta comenzó  a soltar el humo, y después de tirar otra Justin fue detrás. No eran muchos, así que no les costó demasiado.

- ¡Sí!-decía Justin-. ¿Qué te parece? He dejado fuera de combate a cinco yo solito. Que vivan los doceañeros.
- Genial, Justin, si olvidamos que uno de esos cinco era yo. Pero por lo demás, bien.

Justin puso cara de avergonzado.

- Hablaré con Richard, para que desconecte el sistema de seguridad de las celdas-dijo Milla-.
- Muy bien.
- ¿Milla?-se oyó la voz de Richard-¿Va todo bien?
- Genial, Justin y yo hemos llegado a las celdas, y acabado con los guardias que las custodiaban. Pero necesitamos que nos abras las puertas.
- De acuerdo, lo haré en unos minutos. Tened paciencia.

Algo difícil de tener cuando llevas semanas sin ver a tu familia, y cada segundo que pasa corren más peligro.

- Eran Milla y Justin-decía Richard-. Han conseguido llegar  a las celdas.
- Vaya, qué bien-dijo Zoey, con una débil sonrisa-.

Zoey estaba casi totalmente indefensa, incapaz de moverse sola, pálida como nunca se había visto. Y había perdido parte de su visión.

- Desconectaré el sistema, y luego buscaremos el antídoto para curarte.

Ambos llegaron a una sala vacía. No había nadie, y sin duda parecía la clase de sala desde la que se tenían acceso a muchos de los controles del recinto.

- Vaya, parece ser que la distracción de Justin ha sido realmente efectiva. Veamos la complejidad del sistema-dijo, mientras encendía uno de los monitores-.

Le costó más de lo que pensaba, pero finalmente pudo acabar con él.

- Cargándome las últimas barreras, y...¡listo! ¡Vía libre, chicos!

Milla y Justin fueron turnándose para abrir las puertas de las celdas.

Eran muchas más de las que jamás habrían podido imaginar. Debía de haber cientos de prisioneros. Entre ellos...

- ¡Paul!¡Ever!

Entre ellos, la familia de Milla.

- ¡Milla!, ¿pero cómo...?-dijo, mientras se abrazaban-.
- Ha sido una larga historia, una muy,muy, larga. Ya os la contaré. ¿Y vosotros, estáis bien?
- Hemos estado peor, pero la verdad es que tenemos una hija muy fuerte.

Milla sonrió, y ambos se besaron. Justin se sintió algo incómodo.

- Ah, y por cierto, este es Justin. No habría podido llegar hasta allí sin él.
- Encantado, Justin.
- Igualmente, Paul. Y gracias por las películas de Resident Evil.

Tras aquel extraño comentario, Milla y Justin dirigieron a todos los prisioneros hacia el hangar,no muy lejos de allí.

A sólo unos metros por debajo de ellos, Richard estaba a punto de ser sorprendido.

Una vara de metal le golpeó en la espalda con una fuerza tremebunda, y enormemente dolorido se desplomó sobre el suelo, con Zoey a su lado.

- ¿En serio pensabas que iba a ser tan fácil?¿O es que tu coeficiente intelectual de 145  esperaba que una vulgar maniobra de distracción permitiera que te salieras con la tuya?

Richard se retorcía de dolor en el suelo.

- ¿Pues sabes qué? Me parece que cierto antídoto está a punto de sufrir un accidente. ¡Oh, vaya que torpe! Si se me ha caído al suelo. Qué lástima.
-¡¡¡¡¡Nooooo!!!!!!

Richard se lanzó contra aquel hombre con todas sus fuerzas, sufriendo una caída todavía más fuerte que la anterior.

- Veo que tu chica es resistente,Richard, aunque desde luego no lo suficiente como para vencer a mi virus. El virus se extiende por todo el organismo en cuestión de horas, matando todo lo que se encuentre por el camino. El récord de supervivencia de una persona sana que haya sido infectada con mi primer virus es de unas 16 horas. Zoey se encontraba a punto de superarlo,y por poco lo hace. Yo de ti aprovecharía para despedirme.En unos minutos, todo acabará para ella.

- Capullo...

- Contra todo pronóstico,tú, Richard Richards,te has convertido en un verdadero inconveniente. Y es por ello que haré lo que voy a hacer.

Richard sacó su pistola, pero el hombre se la quitó de una patada.

- ¡Y dale con resistirte! ¿Por qué no te rindes ya? Será mucho más fácil para todos.
- Vas...a...pagar por lo... que has...hecho.
- Bueno, ya está bien de jueguecitos, Richard. Acabaré con esto de una vez por todas.

Richard estaba convencido de que era el fin. Ya no había antídoto que pudiera curar a Zoey, y sin él moriría en cuestión de minutos. Y él no querría vivir en un mundo sin ella, así que lo aceptó.

Y fue entonces cuando aquel hombre se desplomó como momentos antes Richard, y una enormemente debilitada Zoey se caía hacia atrás, sujetando la misma varilla de metal que el hombre había utilizado contra él tan sólo unos momentos antes. Con las pocas fuerzas que le quedaban, Richard se levantó corriendo y fue a sujetarla. La apoyó suavemente en el suelo.

Estaba empezando a mutar. Sus ojos ya no veían, su piel ardía como nunca y apenas permanecía consciente. Consciente de que se encontraba en sus últimos instantes de vida.

 - Zoey...-decía Richard, empezando a llorar-. Lo siento, de verdad...
- No, Richard, no. Todo esto es mi culpa, jamás debí involucrarte  en algo así.
- ¿Pero qué dices? Has sido...lo mejor que me ha pasado en mi vida Zoey, si no hubiera llegado a conocerte no sé cómo habría... Debí haberos hecho caso cuando sospechasteis de la ausencia de zombies.
- No podías hacer nada, Richard. Y nos habrían atrapado tarde o temprano.
- Te quiero, Zoey-dijo Richard, mientras le abrazaba-.

Ella le dijo lo mismo. Y fue entonces cuando Richard reparó en que su colgante, aquel del que Zoey le había hablado días atrás, el que le habían regalado sus padres y su hermano por su decimoctavo cumpleaños. Estaba roto, y algo sobresalía de su interior. Era hueco.

Richard le quitó el colgante a Zoey y sacó un par de cápsulas, con una pequeña nota: "Por si alguna vez te hacen falta, con cariño, mamá y papá".

Richard deseó con todas sus fuerzas que aquello curara a Zoey.

Sabía que era extremadamente difícil, sino imposible, que algo creado hacía meses anulara los efectos de algo que se había estado modificando hasta hacía muy poco.

Pero tenía que intentarlo.

Así que le abrió la boca a Zoey y le hizo tragar una aquellas cápsulas.

Instantes después, Zoey dejo de parpadear y de respirar.

- Zoey, por favor,no me dejes-decía Richard sollozando-. Te... te necesito -dijo con la voz entrecortada.

Convencido de que la había perdido, Richard abrazó a Zoey, siendo perfectamente consciente de que podía transformarse en cualquier momento. Pero aquello le daba igual.

No podía creerlo, después de todo por lo que habían pasado juntos.

- Zoey...-repitió una vez más Richard-.
- Para ya, o me acabarás gastando el nombre.

No lo podía creer, ¡había funcionado! (mola esto de usar los signos de exclamación para enfatizar algo).

Zoey se lanzó a besar a Richard, y los dos se abrazaron fuertemente mientras rodaban por el suelo.

- ¡No puedo creerlo!-decía Richard-. Realmente ha funcionado. ¡Estás curada!
- ¿Pero cómo lo has hecho, Richard Richards?
- Tus padres eran prevenidos, guardaron en tu colgante un par de muestras de un antídoto para cepas del virus.
- ¡No lo puedo creer, en serio! Estaba convencida de que era el fin.
- ¿Conmigo a tu lado?-dijo Richard, con cierto tono de burla-. Qué falta de confianza.

Y se volvieron a besar. Justo entonces el hombre recuperó la consciencia, pero Zoey fue más rápida que él cogiendo la pistola que había en el suelo. 

Le apuntó con el arma. Lo tenía allí delante, tirado. Esta vez, era ella quien controlaba la situación. Y él el que debía suplicar.


Justin llegó justo en aquel momento.

¡Hola! ¿Chicos, estáis bien? Os hemos llamado por el walkie-talkie, pero no…-dijo, parándose al darse cuenta de la situación-.


Aquel hombre había provocado el mayor genocidio conocido por la humanidad, y sin duda lo merecía. Sólo tenía que presionar un par de milímetros el gatillo, y todo habría terminado. Tan sólo un disparo, y al fin podría vivir en paz.

- Zoey-decía Justin-. Zoey, en serio, no vale la pena.

Pero Zoey no lo tenía tan claro.

- Mataste a mis padres-empezó  a hablar,mientras cargaba la pistola - y a mi hermano pequeño. Has matado miles de millones de personas, y destruido las vidas de los pocos que sobrevivimos. Mereces la más cruel, lenta y dolorosa de las muertes que hayan existido jamás.

- Zoey...-insistió Richard-.

Y entonces disparó.


Y soy tan extraordinariamente malvado que os dejaré con las ganas hasta la próxima entrada.

                        CONTINUARÁ…

                                                                       …MUY PRONTO

(Siempre me había hecho ilusión poner algo así) :D

Y ya de paso, me gustaría comentaros que esta será más que probablemente mi última intervención como narrador omnisciente en esta historia. Sin duda ha sido un placer poder narrarla y espero que Richard y los demás no duden en recomendarme a otros supervivientes para contar sus historias. O incluso puedes pedírmelo si eres tú el superviviente  y si estás leyendo esto en medio de un apocalipsis zombie. Nunca se sabe.

En fin, que os vaya bien, y espero que nos volvamos a ver.

Firmado, Narrador Omnisciente (siglas: M.L.Z.)

1 comentario:

  1. Bien por el narrador omnisciente siempre y cuando no nos haga esperar en demasía para el desenlace final. Enhorabuena Marcos te está quedando una historia genial.

    ResponderEliminar

Soy el número cuatro

Soy el número cuatro
Me encanta esta peli :)